Ayer concluí por este curso la asignatura de Introducció a la Comunicación para alumnos de la Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya, que forman parte de un curso preparatorio para el Graduado Superior en Cine y Audiovisuales, una carrera que comporta la obtención del título propio de la Universidad de Barcelona. La ESCAC es un proyecto estimulante: la mejor escuela de cine de España, con un prestigio creciente (Àlex Pastor, ex alumno, ganó el premio al mejor corto extranjero del festival de Sundance) y un colectivo de alumnos estupendo.
La cosecha del curso preparatorio de este año ha sido buena. Y me he dado cuenta de una cosa: creo que les gusta presentarse a un examen. Yo, que me defino como retrofriqui --¡qué alegrías me está dando el éxito de Opá, vi a jasé un corrá!-- creía que los jóvenes, como nosotros antes, aborrecían los exámenes: la cosa esa de porqué valorar en un solo día lo que se ha debido asimilar en un curso, el antiautoritarismo y tal. Mi costumbre siempre ha sido, al acabar el curso, elaborar un trabajo que permita analizar y sintetizar lo aprendido, o bien aprovechar la hora de examen para hacer una autoevaluación, un texto en el que cada cual aboca lo que cree haber aprendido y lo que desaría seguir aprendiendo. Pero esta vez algo me dijo que tocaba examen. No porque los chicos no hubieran aprovechado el curso, sino por cierta intuición.
El examen consistió en elegir un tema a desarrollar entre cuatro: la esfera comuniacional, el periodismo de calidad, comunicación y sociedad de masas y televisión y consumo cultural. Todos estuvieron a la altura. Las consideraciones y reflexiones de un grupo de tíos y tías de entre 18 y 20 años sobre estas cuestiones de tanta centralidad social fueron del todo sensatas y a menudo profundas. Nadie escribió una sola tontería ni se despistó del tema. Estoy muy contento de mis alumnos.
Pero me di cuenta de que sí, les gustó. Les agradó que alguien les pidiera cuentas de lo estudiado, poder demostrar su competencia, poner a prueba y por escrito su capacidad de exposición y análisis, y sobre todo, poner una marca en el hito conseguido. De superar este curso depende la posibilidad de que puedan entrar a estudiar esta carrera, de modo que un examen abre un poquito más la puerta, o puede cerrarla.
Yo he aprendido una cosa muy importante. Es bueno prescindir de la burocracia y poner antes a la gente antes que las normas. Pero por eso es importante que la gente tenga también normas que poner a su servicio. El profe también se llevó su lección.
Nota bene: otra alegría que me ha dado la ESCAC: el alumno de primer curso que saque mejor nota obtendrá 4.000 euros de beca para el segundo curso.








ojala se valorara la persona y sus capacidades, lo que pueden llegar a tener que compartir, su creatividad.
a mi me asignaron la especialización de guión... y después de 5 años de estudios universitarios, he encontrado lo que realmente me gusta: el documental.
ahora mismo no sé muy bien como seguir... ni si seguir.
Publicado por: issis | 27/07/06 en 16:56
Eso mismo es lo que he tratado de hacer siempre: valorar a cada alumno, uno por uno, considerar su calidad humana y su potencial. Toda estructura, en cualquier ámbito de formación, debe estar al servicio de esto. Pero en España el gusto por la burocratización de las cosas es excesivo.
Publicado por: Gabriel Jaraba | 28/07/06 en 11:48