"He escrito todos los días de mi vida desde hace 80 años. ¿El secreto? Estar enamorado de todas las cosas. Nací como amante, así he vivido y así moriré. Hay que enamorarse y permanecer enamorados. No escuchen nada que no sea su corazón y sigan ese camino. Si alguien no cree en ustedes y en su futuro, apártenlo. Sean intensos y apasionados. Hagan eso y tendrán una vida feliz".
Consejos de Ray Bradbury a los jóvenes escritores, que pueden valer para todo quisque, aunque no escriba ni el sudoku del diario. Lo dijo en una videoconferencia durante la feria del libro de Buenos Aires y lo leo en El País.
Bradbury cambió muchas vidas con su novela Crónicas marcianas (sí, fue un libro y no un programa de tele) cuando la suya ya había cambiado: "A los 10 años fui a Marte y nunca volví". Marcó mi juventud de apasionado defensor de la cultura como lucha por la libertad con su Fahrenheit 451 (novela y película). Y ahora vuelve a aconsejarnos en estos momentos de estupidez resonante.
Voy a hacer caso de Ray. Enlo primero no, porque ya lo hice y lo hago. Pero sí en lo segundo: apartar a quien no crea en mi y escuchar sólo mi corazón. Demasiados imbéciles nos rodean: o bien cretinos inteligentes (no es una contradicción: miren entre los que triunfan y mandan) o bien alelados conllevantes (los que les sostienen por pereza o porque la situación les favorece). ¿Es demasiado obsceno apelar a escuchar el propio corazón y decirlo en voz alta, en estos tiempos? Oh, sí: porque la aristocracia del pensamiento que debería abrir camino está sumida en lo que llamo la depresión de las élites, un mal europeo de raigambre intelectual. Véase Francia, contaminada hasta el tuétano; véase Italia, donde los cretinos inteligentes apenas han sido superados por poco más de 24.000 votos y una formación política fragmentada y tentada por el cortoplacismo ratonil y el tacticismo cicatero.
En Catalunya vamos teniendo ya nuestra ración: mal francés con unas gotas de salsa italiana. Resulta que esto que nos gobierna es la izquierda catalanista, progresista y social. ¡Manda cojones! Tacticismo para permanecer, clientelismo y lottizacione progresiva (en los países serios, cuando alguien hace lo que el actual conseller de Governació va a la cárcel o queda como apestado social).
Ahora comprendo los beneficios del spleen cínico de las élites culturales y políticas. Es útil porque desapasiona y por tanto desmoviliza. ¡Bradbury!









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