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14/01/07

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Comentarios

Jaume

El optimismo de la izquierda está vinculado a la idea de progreso. En el momento en que la postmodernidad pone en crisis este concepto, la izquierda queda desconcertada y aparecen las actitudes de desconfianza, sospecha y temor al cambio social (el cual, de ser una sempiterna bandera de la izquierda, pasa a estar representado por la derecha neoliberal).

La izquierda en Occidente empieza a volverse conservadora con la caída del Labour y la llegada de Thatcher al poder en Inglaterra (aunque en el Este ya era conservadora y desconfiada desde los tiempos de Stalin, si es que aquello era izquierda).

Jaume

Sobre el tema de los okupas, sólo quiero comentar que son la fase de decadencia de los movimientos de establecer comunidades utópicas.

Recordemos que fueron los movimientos protestantes de corte radical los que iniciaron este movimiento, desde la famosa revuelta de Müntzer, pasando por las comunidades anabaptistas de Bohemia y Polonia, y luego las comunidades de las colonias americanas como Efrata, los Shakers, etc. Las comunas hippies y New Age estilo Findhorn o Arco Iris revivieron los antiguos sueños durante un tiempo. Lo de ahora es menos que un pálido reflejo, ya que el soporte teórico del movimiento es casi nulo y vive del buen nombre que le dan algunos vecinos agradecidos y el sector de la prensa y TV que aún añora los viejos 60.

julia

Me ha gustado mucho este post, lo peor de todo es que el pesimismo social, promovido por noticias con tinte apocalíptico, general malestar. Un tema recurrente es el tiempo, que en los últimos años, tal y como se comenta en televisión, parece una enfermedad, algo extraño, que nunca es como debiera ser.

julia

Això de viure més anys, però, no ho veig massa clar. No crec massa en estudis estadístics. De tota manera, els viurem més alegrement.

Gabriel Jaraba

Hay una capa sombría que permea toda la cultura europea, de la que no escapa la cultura progresista, que es anterior a la crisis de la idea de progreso. La vemos en las esferas intelectuales y literarias, carcomidas de cinismo y amargura; a los alegres se les tacha de ingénuos cuando no de imbéciles. Para triunfar hay que poner cara de amargado. Véase el odio telúrico a lo que llaman "libros de autoayuda": no despotrican de ellos porque estén (algunos) mal escritos sino porque apelan a la autonomía personal y a la mejora del ser humano. Pero la constitución de la República Española definía a los ciudadanos como "justos y benéficos". Véase el jolgorio que se armó cuando Joan Saura introdujo en el debate del Estatuto el concepto de "derecho a la felicidad"; con todo el choteo olvidaron que esa idea es un pilar fundamental de la Constitución de Estados Unidos y de la revolución democrática de 1776.

Creo que el tenebrismo es un problema de Europa con sus raíces, y me refiero no a la tontería de las "raíces cristianas" (por lo menos son cristianas, judías y griegas) sino a algo más telúrico y energético. Hay una tristeza fruto de una falta de arraigamiento en la tierra, en la naturaleza, en la vida. Aquí pasó algo muy gordo con la ruptura con las antiguas culturas chamánicas y celtas, una cesura no sólo cultural sino vital. Véase la mala relación de Europa con el Dragón, al cual se persigue y mata, mientras que en Asia es una bestia benéfica, alegre y portadora de felicidad. Véase la leyenda de Arturo, cuyo padre ostentaba el estandarte del dragón alado (Pendragon) y la decadencia del reino cuando Arturo pierde el contacto con la alegría de la vida por su adhesión al engaño y la doblez.

El gusto por las noticias apocalípticas forma parte de ese panorama. Es imposible imaginar aquí un diario "positivo" como el Christian Science Monitor; ahora añoramos a Xesco Boix, cantante alegre para los niños, pero en su época fue ninguneado a fondo por la intelectualidad de izquierdas (nadie se dignó invitarle a la reunión que se hizo con Pete Seeger en casa de Raimon, en el primer viaje del cantante rojo y unitario universalista a nuestro país). La neurosis por la información del tiempo forma parte de otro zeitgest: la sociedad de niños mimados se pone nerviosa cuando ve que hay algo que no puede controlar y que no responde solícito cuando se le reclama un mimo.

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