Hasta hace poco pensaba que la excepción española en el contexto europeo y democrático en general era su derecha, porque, a pesar de autoproclamarse liberal, sus antecedentes no están en las fuerzas demócratas liberales que gobiernan Europa desde 1945 sino de la CEDA (Confederación Europea de Derechas Autónomas) de José María Gil Robles en los años 30. Ese origen explica su actual deriva en fuerza antisistema, su alianza con el sector reaccionario del episcopado católico y su incapacidad para desmarcarse de sus antecedentes franquistas y nacionalistas. Pero si esa derecha tiene un sentido patrimonial del Estado, la izquierda, a su vez, lo tiene de la ética y de las ideas de progreso y, aunque se sienta europeísta, pocos dedos se la vé mover a favor de un proyecto como el Partido Socialista Europeo.
No, la excepción no es la "derechona" ni la izquierda estatalista e igualmente nacionalista. La excepción es otra cosa, más compleja y peligrosa: nuestro país y nuestra ciudadanía en general no son conscientes del peligro del terrorismo islamista y de la amenaza que supone para nuestro país y para la paz y la democracia en general.
Es algo insólito: España ha sido el lugar donde se ha producido el atentado islamista más contundente después del 11-S estadounidense, y además, el juicio del caso que se celebra actualmente es, ni más ni menos, que el primer gran juicio a Al Qaeda. Pues bien, a pesar de que los muertos de la estación de Atocha han formado el grupo de víctimas más numeroso muerto en atentado en Europa desde 1945, de ser la primera gran masacre en masa que se produce en la capital de España desde 1936, no se percibe en las actitudes de la gente el menor rastro de que consideren no ya que esa amenaza pueda serlo para sus propias vidas sino siquiera para la democracia y la vida en libertad.
Es enormemente significativo que esa derecha nacionalista que agita la bandera española en rechazo de lo que consideran concesiones del Estado a ETA organice su mayor movilización precisamente en el aniversario de la matanza de Atocha. Significa que percibe perfectamente que no hay huella profunda de ello en la conciencia colectiva. Es interesante ver cómo, a pesar de que Aznar se descuelgue de vez en cuando con algún exabrupto al respecto, el fomento de la teoría conspiratoria en torno al 11-M --promovido, no lo olvidemos, por los think tanks que orientan las direcciones de la política derechista-- no hace otra cosa que remar en dirección opuesta a cualquier cosa que pudiese suponer atender a la necesidad de hacer que los españoles sean conscientes de la naturaleza de la amenaza de Al Qaeda y su movimiento.
Pero la izquierda tampoco aparece mejor parada en esa cuestión. Por razones que creo muy parecidas, y que responden a la profunda huella que ha dejado en la mentalidad de nuestros compatriotas en general la posición no intervencionista y aislacionista de la España de Franco, una mentalidad que dice para nuestros adentros "eso no va con nosotros". El franquismo sociológico nos ha permeado de manera más sutil, más allá de las derechas: ahí está el tono suspicaz con que incluso personas progresistas aluden a la masonería, o la invisibilidad social del protestantismo. Me doy cuenta de que hay un resíduo de franquismo sociológico en un modo muy peculiar que tenemos de vernos a nosotros mismos: somos buena gente, somos simpáticos y generosos, a todos les caemos bien, es imposible por tanto que alguien nos quiera mal. Esa mentalidad explica el éxito del buenismo de izquierdas que pasa por progresismo, y si no se entiende lo que digo, véanse las películas que TVE emite en Cine de barrio y la percibirán a la perfección. El mito de generoso pueblo español, "qué buen vasallo sería si tuviese buen señor", que ha alimentado siglos de nacionalismo español (y que es la base sobre la que radica la ideología de las historias del capitán Alatriste), mito que se proyectó hacia la guerra de la independencia y que alimentó LA TOTALIDAD de las construcciones ideológicas del franquismo, desde el cine de Cifesa, pasando por la propaganda de los 25 años de paz, la serie Crónicas de un pueblo, hasta la canción Libertad sin ira.
Nos resulta imposible de comprender que alguien nos quiera mal, y las últimas amenazas de Al Qaeda a España, claras, explícitas y contundentes, no acaban de hacer mella en esa mentalidad. La izquierda podría hacer algo al respecto si, además de participar de esa inoculación de franquismo sociológico en su mentalidad general, añade a ella algo aún más determinante. Un sector no quiere pecar de racista e islamófobo y cree que señalando el peligro islamista culpabilizaría a quienes ve como los nuevos desheredados de la tierra, víctimas de discriminaciones económicas, sociales y raciales, y posibles votantes que reemplacen a un proletariado local desaparecido en el combate de la prosperidad económica. Por no citar otra cuestión: la incapacidad de la izquierda por entender las posiciones israelíes y su adhesión acrítica a la causa palestina, que por cierto no es una sino varias. Pero lo cierto es que, a la hora de la verdad, cuando se trata de jugársela por resolver una injusticia con un pueblo árabe que nos toca directamente --léase Sáhara-- hace el mutis por el foro. No sucede así con Izquierda Unida, pero ese sector de la izquierda cree, por ingnorancia o ingenuidad, que esa masa irredenta, puede ser un nuevo sujeto revolucionario mundial en el futuro, y que, por lo menos el el presente, hace morder el polvo al enemigo norteamericano (y no sólo en Nueva York, véase la indecente condonación de la actividad terrorista de la insurgencia iraquí).
Se puede estar contra la guerra ilegal de Iraq y contra el cinismo delirante de Aznar y al mismo tiempo se puede ver en la actividad de Al Qaeda y en el ascenso del irredentismo árabe (cosas de momento distintas pero que pueden acabar en colusión) la mayor amenaza para la libertad desde 1939. Lluís Bassets menciona hoy en El País el último libro de Hans-Magnus Enszenberger, El perdedor radical, donde por lo visto arguye sobre las raíces del nihilismo en que ha desembocado una civilización en decadencia. Yo recomiendo leer con atención los documentos del Real Instituto Elcano, especialmente ¿Cuál es la amenaza que supone el terrorismo yihadista para España?, de Fernando Reinares.








Pensemos también en dos elementos fundamentales de la cultura española: el antiamericanismo (que tiene sus orígenes lejanos en la Guerra de Cuba y que se reencarna en el anticapitalismo de la izquierda marxista, la guerra fría, Vietnam, etc. etc. y que por fin encuentra su perfecta coartada en la torpe intervención de la Administración Bush en Irak) y el antisemitismo, de raíces medievales y católicas y que se renueva durante el franquismo (como la famosa conspiración judeo-masónica) y que, por el mismo reflejo antiyanqui antedicho, se reproduce en la izquierda en uno de los más extraños casos de confluencia ideológica, que mantiene la lógica franquista de la "tradicional amistad con el pueblo árabe" bajo el periodo democrático. Esa ideología pervive de alguna manera en el pseudodebate sobre el yihadismo cuando se quiere ver el ataque del 11-M como inspirado en realidad por ETA (los unos) o causado por la intervención de Aznar en Irak (los otros), con lo que ambos bandos miran hacia otro lado, cada cual a su manera, exculpando en última instancia a los autores materiales e ideológicos. Y esto no va a cambiar a corto plazo.
Publicado por: Jaume | 15/03/07 en 14:18
Es exactamente como lo dices. Y es curioso observar cómo no hay memoria aquí de un discurso claramente antisemita, cuando yo he tenido en mis manos una revista publicada en 1908 por el episcopado católico español que se subtitulaba "revista antimasónica y antisemita", textualmente. En la guerra, mi padre oyó en el frente los altoparlantes del ejército enemigo que les conminaban: "rendíos, perros judíos catalanes". Pero la autoimagen que los españoles tienen de sí mismo es la de los bandoleros generosos que salen en las primeras películas de Joselito, y los catalanes, víctimas del nacionalismo español y del error histórico del catalanismo (que aspiraba a modernizar a España para gobernarla)nos hemos refugiado en ese mismo "autobuenismo" en diversas versiones, la expresión más escandalosa del cual es la transmutación alquímica de la manifestación por el asesinato de mi amigo Ernest Lluch: de protesta por un crimen a una petición de diálogo con los victimarios basada en ese sentido patrimonial de la ética al que aludía y que nos hace creer que basta con ser buenos y tener razón para que las cosas cambien (magia blanca en estado puro).
La transposición de "nuestra tradicional amistad con el pueblo árabe" del fascismo a la izquierda se basa en todo eso, pero también en la invisibilidad del pueblo y la cultura judía, ausencia de la escena que, junto con las invisibilidades masónica y protestante indica un déficit de cultura democrática. Mientras la izquierda no mueve un dedo para normalizar la situación de las confesiones cristianas no católicas, o de otras tradiciones religiosas, sigue considerando que los interlocutores de los trabajadores musulmanes son sus imames. El laicismo de la izquierda va, de momento, en una sola dirección.
Publicado por: Gabriel Jaraba | 15/03/07 en 16:05
Estoy de acuerdo con todo lo que comentáis. Ya hace mucho tiempo que percibo este estado de cosas. Hace años iba más por Rosa Sensat y ya me sorprendió la indulgente mirada sobre el tema islámico y la mujer de personas que habían militado en el feminismo radical. Nos movemos entre contradicciones, pero algunas son dramáticas y de una ingenuidad absoluta. Sobre el antisemitismo, mezclado con el antiamericanismo radical, continua vigente i subconsciente. Cómo anécdota, sólo hay que oir con que fe se corea aquello de la habanera, 'tingueren la culpa, els americans', ligado además, en este caso, a una guerra 'española', en fin, embolica que fa fort.
Publicado por: júlia | 16/03/07 en 7:23
Y sin embargo, todo eso no basta para explicar la atonía de la izquierda ante el terrorismo islamista y su adhesión acrítica y tácita a la supuesta causa árabe. (Véase cómo hay gente que se manifiesta en Londres al día siguiente de la aprobación del presupuesto para renovar el armemento estratégico y hasta el momento NADIE de quienes se manifiestan contra la guerra ha chistado respecto a la aportación iraní a la proliferación nuclear). Para un estado de cosas semejante hace falta algo más, como estrategias de fondo triunfantes, transmisión y asunción de consignas, y los consiguientes canales internacionales de comunicación. Me temo que, caído el muro de Berlín, esta cuestión o bien responde a inercias que permanecen tras el alineamiento internacional de entonces o, más malévolamente, alguien pretende todavía favorecer una política de bloques encubierta cuyo hilo conductor es el petróleo y la energía: por una parte, Bush y los intereses que representa; por otra, Chávez, Putin, Irán y otros. Y Europa enmedio haciendo cara de tonto, y Zapatero respondiendo con la "alianza de civilizaciones" con la partida que se juega.
Publicado por: Gabriel Jaraba | 16/03/07 en 8:14
Totalmente de acuerdo. Creo que es grave, ya que información, si se busca, la hay. Supongo que la izquierda o lo que llamamos, aún, izquierda, teme perder votos y seguidores si entra en debates que pueden parecer extraños a su público. No lo sé, a veces me recuerda la alegría e ingenuidad europea ante el nazismo en sus primeros tiempos, todo esto.
Publicado por: júlia | 17/03/07 en 8:53
Recordemos que quienes se alzaron contra la barbarie nazi fueron políticos de derechas, como Churchill o De Gaulle, o liberales moderados como Roosevelt, mientras la izquierda buscaba inspiración en Stalin. Nada más lejos de mi intención que establecer paralelismos, pero me preocupa la tibieza, cuando no vergonzante admiración, con que cierta izquierda se refiere a Chávez o incluso al propio Castro. Naturalmente aquella derecha democrática, la de los años 40, era inteligente y tranquila, muy distinta de la que padecemos bajo el virus neocon.
El pánico causado por el fin del mundo bipolar y el 11-S marca un cambio de era en política y la izquierda todavía se mueve por tics antiguos mientras la derecha, histerizada, reacciona apelando a la rabia y al orgullo, parafraseando el libro de la Falacci. Pero al menos está innovando ideológicamente, cosa que entre la izquierda es más difícil de ver.
Publicado por: Jaume | 23/03/07 en 15:06