Hoy he celebrado el Día de Internet como es debido: he enseñado a una compañera de trabajo a utilizar las fuentes RSS para que organice mejor su seguimiento de la actualidad. Los internautas feroces no somos conscientes, a menudo, de que existe un enorme conocimiento de las características y posibilidades de la red entre la mayoría de la población, a lo que hay que añadir cierta desconfianza o desinterés, fruto tanto de una falta de interés por la ciencia y la ausencia de cultura científica en general como de una mentalidad de desmotivación que es todo un signo de los tiempos de nuestro país.
Yo creo firmemente que la difusión y la promoción de internet entre la ciudadanía forma parte del compromiso de acción democrática de todo ciudadano que desea mejorar la sociedad, y más en el caso de los rojos como yo. Mi hija, además de su trabajo como diseñadora digital, hace de profesora de nuevas tecnologías en un centro cívico, y lo cree así; estoy orgulloso de ella.
La brecha digital, en contra de lo que se viene diciendo, no viene determinada por razones económicas o de acceso a la tecnología, sino por lo de siempre: la ignorancia en el caso de los más pobres y el desinterés en el de la gente de más posibles. La brecha digital se combate divulgando y promoviendo, y empezando por mostrar cómo internet mejora y cambia la vida de la gente, junto con el resto de las tecnologías de la comunicación. Véase cómo la telefonía móvil ha abierto posibilidades de pequeños negocios a las mujeres en África o India, o cómo las radios comunitarias son agentes de sanidad y educación.
En el caso de la miseria específica que se esconde tras la fachada de nuestras sociedades --no la que es fruto de la exclusión, que esa sí se ve, y de qué modo-- la carencia es de curiosidad, de interés por la realidad, de dinamismo y optimismo, y sobre todo, de espíritu de compromiso y de cambio social. Internet es un modo ideal para hacer que nuestros míseros particulares se den cuenta de su condición y empiecen a cambiarla.








Las nuevas tecnologías inciden principalmente en los ámbitos de internacionalización, redes sociales e innovación. En el ámbito rural, por ejemplo, los que primero se apuntaron a Internet fueron los agricultores más osados que buscaban nuevos cultivos y métodos de rendimiento y las casas rurales, necesitadas de construirse una clientela y tener una visibilidad, tanto entre nacionales como en el extranjero (de hecho hay casas rurales de alto nivel especializadas en la clientela no española, a mí me gusta ir a la zona de Viladrau y allá hay un par de ejemplos excelentes de calidad y eficacia de esta tendencia).
Coincido en general en tu análisis de que la brecha digital tiene más que ver con las cortas miras que con el nivel social; aun así, también hay que tener en cuenta los vectores de crecimiento de la economía española y las expectativas de creatividad y mejora de los distintos sectores sociales. Eso es particularmente notable en los sistemas de redes sociales. La Web 2.0 es todavía una quimera o un sueño de unos pocos locos del ratón, mientras la mayoría de la población internetera sigue con usos de la Red más propios de los 90: el correo electrónico y las páginas web estáticas.
Publicado por: Jaume | 17/05/07 en 16:56
Pues incluso yo me daría con un canto en los dientes si se universalizara el uso estático de internet basado en el concepto espectador en lugar del de e-ciudadano. Pero percibo pereza, falta de espíritu de curiosidad, poca sensibilidad a los estímulos de inputs de cultura, incluso pocas ganas de estar a la última, dentro de los parámetros del más estricto consumismo.
Lo gracioso es que donde encuentro un buen número de esas actitudes es precisamente dentro de los periodistas, profesionales de la comunicación...
Publicado por: Gabriel Jaraba | 18/05/07 en 14:24
Todavía, por ignorancia, hay mucho prejuicio sobre el tema, lo percibo a menudo en la escuela, donde se compara con el 'sacralizado' libro y parece que la información en red ha de ser menos 'fiable' por defecto, y en muchos otros sitios, efectivamente. Siempre pasa, con las novedades, que, ademas, suelen ser 'novedades' durante mucho tiempo. La televisión, con todos sus defectos, abrió ventanas al mundo a muchas personas y nada volvió a ser igual, como había pasado con el automóbil.
Publicado por: Júlia | 20/05/07 en 8:19
Teniendo en cuenta las cataduras de según qué autores superpublicados en soporte papel, quizás los rastreadores de autoridades deban inclinarse por la cosa digital. Véase los libros de historia de Pío Moya o, aún más discretamente, los del ultranacionalista español Fernando García de Cortázar, que pasa por ser El Asombro de Damasco. Claro que aquí aún hay quien considera que Ricardo de la Cierva es una fuente fiable en masonería y no alguien experto en el 23-F pero por detrás. Item más: la última vedette de este espectáculo, César Vidal, el último fruto de la alianza protestantismo y catolicismo ultra plus Pentágono.
Publicado por: Gabriel Jaraba | 22/05/07 en 12:51