Leo en el Corriere della Sera que en Italia existe una campaña para eliminar el ajo de las cartas de los restaurantes. La iniciativa --"cruzada" la llama el rotativo milanés-- ha sido promovida por el director de informativos de Tg5, Carlo Rosella, quien abomina del salutífero bulbo. El bando antiajista está encabezado por Silvio Berlusconi, y entre los entusiastas del allium sattivum se cuentan Anna Serafini y su esposo Piero Fassino, líder de los demócratas de izquierda. Con lo cual un servidor ha encontrado una razón más para seguir aderezando la cocina doméstica con la abominación draculiana, amigo de la humanidad desde los albores de la civilización.
Se dice que Berlusconi valora mucho que las personas que le rodean exhalen un aliento muy fresco. Así, el televisivo Emilio Fede, a quien le gustaba el ajo, ha renunciado a él cuando ha entrado en relación con Il Cavaliere (valga el oxímoron).
Aunque parezca mentira, importantes restaurantes han entrado al trapo, y así, existe ya una lista de locales "sin", como La Barchetta y la Pérgola del Hilton en Roma o el Bolognese del Príncipe de Saboya.
Los signos de los tiempos, pues, se van haciendo evidentes. Cuando no se puede prohibir una actividad considerada inconveniente, se promueven campañas para inmiscuírse en las costumbres ajenas. Hace algunos días, Ferran Sáez decía que no le daba la gana separar los desechos para el reciclaje porque estaba harto de encontrarse al Estado hasta en la basura. A mí me suena todo lo mismo: como en las democracias --sociedades individualistas de masas-- el indivíduo debe tener la sensación de que es libre para que pueda comportarse como un consumidor activo, es necesario que, de un modo u otro, sienta a menudo el contacto de una mano sobre el lomo para que se acostumbre a la doma en progresión.
¿Exagero, queridos? Pues en estos tiempos que tanto se valora la salud y la seguridad, la maltratada niña Claudia se ha sumado a la lista inaugurada por la infortunada Alba. Según la autoridad judicial, la culpa es de la prensa por contarlo. El chocolate del loro cuesta poco dinero, pero meterse en harina es otra cosa. Como decía el señor Barragán: "¿Me entiendeee?"








Nuestra privacidad se ve invadida por todo tipo de campañas que no evitan ningún desastre, por cierto. Interesante reflexión.
Publicado por: júlia | 21/06/07 en 7:06
La nueva cruzada de Berlusconi me huele mal. No me extrañaría que alguien viniese a repetirla por estos lares, ya que Silvio tiene por aquí extrañas connivencias en los círculos concéntricos de Esperanza Aguirre y su adláter en la sombra, ex-presidente del Madrid. Me cabreó de tal manera lo del ajo, con lo que lo uso para todo, que me permití abrirlo a las masas poniéndolo en una de esas plataformas que se llama noticias.es, espero que eso no te moleste. Podéis verlo en http://escolar.noticia.es/story/berlusconi-contra-el-ajo/
Si no tengo que hacerlo más, dímelo. Abrazos.
Publicado por: Antonio Piera | 22/06/07 en 10:06