Jaume de Marcos reseña en su blog Estudios de las religiones en España una novedad bibliográfica: Historia de la Biblia, de Jaroslav Pelikan, en la que califica al libro de libros como "uno de los libros más influyentes y, sin embargo, quizá también uno de los más desconocidos de la cultura occidental". Introduce una afirmación que me sorprende y que me gustaría que me aclarase: "Tras el período medieval, en el que cabe destacar el uso de las glosas como explicación de determinados pasajes (y que, en algunos casos, llegarán incluso a incorporarse al mismo texto), llegan el Humanismo y la Reforma y con ellos, la renovación del interés por la literalidad del texto bíblico". ¡Vaamba! ¿Significa eso que ese libro que algunos consideran un fundamento inamovible de la fe tuvo "añadidos" alrededor de un milenio después de la muerte de Jesús?
En cualquier caso, la falta de cultura bíblica en Catalunya y España en general es escandalosa. Una cosa es que los ciudadanos practiquen o dejen de practicar las confesiones religiosas relacionadas con este texto (que son, por supuesto, más de una) y otra muy distinta es el escandaloso desconocimiento de una colección de textos y sus correspondientes hechos históricos y antropológicos que han contribuído a modelar contundentemente nuestras mentalidades individuales y colectivas.
Olvidar la Biblia no nos ha hecho más libres sino más burros, convertidos en analfabetos simbólicos huérfanos de un conocimiento que no sólo tiene que ver con nuestro pasado sino que habla a gritos sobre la condición humana en todo tiempo y lugar.
La persecución primero y marginación después de las iglesias protestantes ha sido decisiva en esta amputación cultural, y no menos en esta Catalunya tan encantada de conocerse a si misma y a su inmediato pasado: la tradición protestante catalana es más que centenaria (en el Poble Nou barcelonés, en Terrassa, en las zonas industriales del Llobregat) y sin embargo, ha sido tozudamente omitida, ocultada y ninguneada por el liderazgo cultural católico catalanista del franquismo, el tardofranquismo y la transición. Catalunya se ha construído un espejo deformante, formado por la mezcla cat-com (católico-comunista), determinante en la cultura del tardofranquismo y la transición, en el que el meritorio papel de los sectores progresistas católicos ha ocultado el papel de los no menos perseguidos cristianos evangélicos. Montserrat no ha hecho nunca nada en este sentido, pero Poblet tampoco.
¿Cómo volver a ganar una cultura bíblica, laica si se desea, en un tiempo en que la iglesia católica deriva hacia el sectarismo y el protestantismo asume roles de conservadurismo ampliamente practicados en el mundo anglosajón?








Efectivamente, amigo Gabriel, los monjes (que por otra parte se merecen todo nuestro respeto por su labor de preservación de tantos libros antiguos durante el difícil período medieval) no sólo asumieron la ardua labor de copistas, sino que algunos eran aficionados a incorporar breves comentarios en los márgenes de sus ediciones, con el pedagógico afán de "aclarar" pasajes turbios o crípticos (la versión medieval de nuestras notas a pie de página). Luego llegaba otro copista y, de forma mecánica o por respeto a su predecesor, repetía ese comentario o incluso incorporaba su propio comentario al comentario, hasta que un día aquel añadido ya se confundía con el texto mismo sin que nadie se hubiera percatado de que en realidad estaba alterando el original. Un caso bien conocido es la alusión a la Trinidad en la primera Carta de Juan (1 Jn 5, 7-8), que ya Erasmo refutó y que en la mayoría de traducciones actuales ya está eliminada. Hay otras, pero la investigación bíblica moderna las ha podido identificar gracias a su comparación con los códices más antiguos que se han preservado.
Publicado por: Jaume | 19/05/08 en 13:13
Sobre lo de la identificación de la identidad catalana con una determinada visión religiosa, habría muchísimo que hablar y no sólo dentro del ámbito cristiano, como algunos musulmanes catalanes que han estudiado el tema podrían explicar a quien quiera escucharles. Tanto la narración oficial de la creación de Cataluña como el nacimiento del catalanismo van estrechamente ligados al cristianismo católico, y tanto las interferencias protestantes (véase el silencio que durante tantos años se impuso sobre los orígenes del Barça) como la realidad islámica (¿no era catalana Balaguer hasta que la conquistaron los cristianos?) representan disonancias insoportables.
Publicado por: Jaume | 19/05/08 en 13:22
Caramba, caramba, con los copistas. Aver, entonces, como se sostienen las posturas fundamentalistas bíblicas... Especialmente importante me parece el añadido trinitario, lo que hace a Servet aún más relevante. (Diré que el atrinitarismo me interesa en tanto que antidogmatismo más que como "otra" afirmación metafísica. Como hermeneuta radical que soy, toda teología que no sea apofática me parece un fraude.
La última versión de la narración católica de la Catalunya ideal es la obra cuasihistórica de Josep Benet. Como dijo Enric Julianaeste fin de semana en La Vanguardia, la religión, en los años 60 y 70 en Catalunya, se salió de las iglesias... para inundar todo el país; la muerte y funeral de Benet fueron propios de un santo de nuestra religión civil sustitutoria (que no se basa, como creen Ciutadans y otros nacionalistas españoles, en un tipo de nacionalismo, sino en algo más complejo, relacionado con lo que yo llamo spleen catalán. La muerte de Xirinacs también lo fue. Pero lo malo de la postmodernidad es que la emoción por la muerte de estos nuevos santos es que dura poco. Y la de los viejos: el show de la exhumación del Padre Pío en Italia no ha dado para más de cuatro semanas de show.
Publicado por: Gabriel Jaraba | 19/05/08 en 13:50
A mí también me sorprende la rapidez con que se ha olvidado el fin de Xirinacs, ya que, como el propio protagonista sabía sin lugar a dudas, su muerte tenía toda la escenografía, simbolismo y dramatismo necesarios para una rápida y duradera canonización laica. Lo atribuyo a la complejidad del propio personaje, que incomodaba a todos, y especialmente a los que ideológicamente eran más próximos, por lo que nadie, salvo sus más allegados, reivindica su memoria. Supongo que esto cambiará dentro de unos cuantos años, cuando los claroscuros se hayan difuminado y el terreno esté abonado para la leyenda. En cambio Benet, desaparecido con la misma discreción con que vivió casi toda su vida, quedará simplemente como un prohombre de bien y referente para estudiosos. Por mi parte, guardo en el recuerdo su perfil en los pósters del PSUC cuando quiso ser President.
Publicado por: Jaume | 19/05/08 en 19:51
La mitologia nacional siempre precisa de algun dogma para sostenerse, se puede leer en Montserrat aquello de 'Catalunya serà catòlica o no serà' pero también he leído escrito sin complejos por parte de alguien supuestamente 'serio' 'Catalunya sempre ha estat d'esquerres'.
Como dices, malos tiempos para estudios bíblicos serios. Para los bíblicos y para muchos otros...
Todavía existe cierta prevención a acercarse a un libro que, te decían de joven, sólo podían leer los 'iniciados' directamente.
Publicado por: júlia | 21/05/08 en 7:11
La muerte de Xirinacs fue, como resulta evidente, diseñada minuciosamente para cumplir con los requisitos de este tipo de acciones: uno, me mato para castigaros porque no me haceis caso ni haceis lo que yo digo; dos, dispongo las circunstancias de mi muerte a modo de mensaje al pueblo para que deploren y se arrepientan de sus culpas; tres, hago lo propio a modo de mensaje codificado que contenga las claves del mensaje que siempre he querido transmitir; cuatro, no digo que me suicido sino que "me dejo morir" porque el sustrato hipócrita de los códigos comunicacionales católicos e independentistas ("derecho a decidir" por "derecho a la secesión") me obligan.
Lo curioso es que la comunicación hipócrita en clave cultural católica ha funcionado estupendamente en la Europa meridional en los últimos 500 años como mínimo. Pero me temo que el mecanismo ha quedado obsoleto, a causa de la globalización, y otras cosas que no identifico. De ahí, quizás, la irritación comunicacional y cultural de los obispos españoles y, probablemente, el endurecimiento del discurso confesional y "rotundista" correspondiente a la conversión de Magdi Allam, subdirector del Corriere de la Sera, catecúmeno y bautizado por Benedicto XVI el Viernes Santo en el Via Crucis Romano. (Acaba de publicar un libro con su experiencia).
Publicado por: Gabriel Jaraba | 21/05/08 en 19:12