El pasado 18 de julio, mi amiga Clara Llum Ibáñez se convirtió en ciudadana americana, y hoy ya dispone de su tarjeta de votante, que muy probablemente empleará para votar a Barack Obama. Ha sido un largo recorrido que comenzó con su nacimiento en Lleida, transcurrió por una vida de búsqueda espiritual humanista y trascendentalista, y confluye ahora en Miami, donde vive con su marido, trabaja como secretaria en la congregación Unitaria Universalista de su ciudad y ejerce como reverenda en una orden budista.
Clara y yo somos amigos desde hace muchos años; más que amigos: hermanos. Su padre, un excelente artista plástico, la introdujo a la lectura de Krishnamurti y los primeros teósofos, ejemplificando una tradición española de búsqueda espiritual autónoma que ha sido enterrada bien a conciencia. Esa tradición transcurre, mutatis mutandi, desde José María Blanco White, el primer unitario español, pasando por Mario Roso de Luna, nuestro primer teósofo, por el movimiento en torno a Jacint Verdaguer --primer intento de religiosidad popular al margen de las estructuras autoritarias eclesiásticas: esa fue la "locura" de mossén Cinto-- y por el movimiento esperantista y espiritista, en el cual confluían el universalismo humanista, el sindicalismo, el feminismo y la espiritualidad autónoma. Hoy, los de siempre se ríen del espiritismo, pero espiritistas fueron William James (hermano de Henry), Sir Arthur Conan Doyle y Augusto César Sandino.
Clara ha sido una de las introductoras de las nuevas formas de espiritualidad autónoma en España, desde finales de los 70, con fuertes raíces en el progresismo político y el humanismo. He vivido con ella maravillosos momentos cuando juntos cursamos nuestra formación como profesores de yoga y maestros reiki. Muy versada en las tradiciones de la a-dualidad indias y budistas, pocos españoles habrá comoella, conocedores de los textos clásicos... y de su puesta en práctica. Lo bonito es que, buscando trabajo, lo ha encontrado como secretaria administrativa en una iglesia Unitaria Universalista, sin pretenderlo. Carolyn Taylor, nuestra maestra reiki, es unitaria, y su marido, ministro de esta religión. Carolyn representa a la tendencia UU de la espiritualidad centrada en la Tierra, y es muy amiga de Margot Adler, hija del gran psiquiatra discípulo de Freud. Roda el món i... bueno, como nos empeñamos en olvidar nuestra tradición griega antigua, no nos damos cuenta de que el Destino existe.
Me alegra que mi hermana Clara sea ahora americana "como Walt Whitman, Abraham Lincoln, Andy Warhol, Woody Allen, Alan Watts, Emerson, Thoreau, Quimby, Tesla, King..."; una más de la "tierra de los audaces", la primera revolución moderna que triunfó en el mundo contemporáneo, antes que la francesa. Recomiendo la lectura de El club de los metafísicos, de Louis Menand, a quienes deseen abandonar los tópicos y empezar a comprender la verdadera modernidad americana.
América no quiere decir hamburguesas y Bush. Cuando mis ignorantes compatriotas aluden a los "ignorantes" norteamericanos, me limito a responder que el presupuesto de todas las universidades de la unión americana equivale al producto interior bruto de la Unión Europea. Cuando el conseller Saura propuso que el Estatut catalán mencionara "el derecho de los seres humanos a la búsqueda de la felicidad", la alegre muchachada que puebla nuestra pequeña opinión publicada no supo reconocer que parafraseaba a la Constitución de 1776 que comienza proclamando que "todos los seres humanos nacen libres e iguales", y se chotearon a placer, suspirando quizás por el recuerdo del indigno y oscuro Sartre.
Clara Llum Ibáñez merece su ciudadanía americana porque ha tenido una intensa vida en la que ha jugado fuerte con su evolución y transformación personal, y se ha ganado una refulgente personalidad, una familia y su libertad. Cuando llegue el día de acercarse a las urnas, mi espiritu acompañará su mano hacia la urna, y quizá me oiga cantar, con la música del Himno de Batalla de la República, "John Brown's body lies a mold'ring in the grave, and his Soul goes marchin' on", a la salud del viejo Tom Payne.








Gabriel, m'has deixat esborronada! La cara vermella :-) Gracies per les teves belles paraules que honoren la nostra germanor.
Una forta abraçada!
Publicado por: Clara | 16/08/08 en 21:46
De vez en cuando leo cosas que vuelven a hacer que me sienta orgulloso de mi tradición espiritual, la unitaria-universalista, y ésta es una de ellas. Mis felicitaciones para Clara, a la que ojalá pueda conocer algún día. Y totalmente de acuerdo contigo de que El club de los metafísicos es un gran libro. Es necesario recordar que el padre inspirador de aquellos progresistas de pura cepa (antes de que el apelativo progresista cayera en el escarnio más barato) fue Emerson, al que mencionas en tu artículo, y es que más de 100 años después de su muerte Emerson sigue inspirando a tantas personas y tantos movimientos de renovación del espíritu, entre ellos, cómo no, a aquellos adustos pero sinceros y visionarios liberales que fueron los krausistas.
Publicado por: Jaume | 18/08/08 en 10:55
Una recuperación de nuestra tradición krausista arrojaría mucha luz al estado de cosas actual en España. Yo también me reclamo de esa tradición, por supuesto. Mirar hacia esa tradición liberal propia nos ayudaría también a hacer comprender nuestras razones para ser unitarios universalistas. El hecho de que una veterana compañera como Clara, que ha saboreado la esencia de las mejores tradiciones espirituales, se haya topado con la UUA en su nuevo país, me llena igualmente de orgullo como UU: cuando el buen gusto de la gente a que consideramos vuelve su aprecio hacia lo nuestro, da gustirrinín.
Publicado por: Gabriel Jaraba | 18/08/08 en 13:40