Toda la gente de izquierda que aplaude la iniciativa del juez Garzón de abrir proceso al franquismo no se da cuenta del verdadero alcance de la operación. Garzón --al que una vez un rojo radical como Eduadro Haro Tecglen definió como "un mal hombre"-- nunca da puntada sin hilo. Para poder hacer la pregunta obligada, "¿qui prodest?", ¿a quién beneficia?, hay que preguntar primero "por qué ahora". Pues las grandes operaciones del juez siempre andan sincronizadas con algún tempo político que pueda coincidir con un hipotético interés personal.
La gran irrupción en escena del juez se produjo con el caso Gal, sucedido después de que Garzón fuera candidato al Congreso como independiente en las listas del PSOE. Cuando no le fue adjudicada una cartera de Interior y Justicia a la cual, según se dijo, aspiraba, devolvió el acta de diputado y regresó, en un lapso de tiempo extraordinariamente breve, a la judicatura. Lo que vino después, el caso GAL, acabó erigiéndose en uno de los ejes que articularon la operación "¡Váyase, señor González!". El resultado final fue dos por el precio de uno: cambio de gobierno a beneficio de Aznar y el olvido u omisión de los GAL que hubo con la UCD en el poder. Una imagen que prosperó durante todos esos episodios fue la de la "pinza", hipotéticamente formada por el PP e IU, con el director del diario El Mundo en funciones de muelle prensor del dispositivo. Hay, sin embargo, quien opina que el artilugio no tuvo un muelle sino dos.
¿Por qué ahora? Porque, me atrevo a responder, hay quien desea que la pinza entre de nuevo en acción. Gaspar Llamazares se retira de IU y avanza decididamente el PCE de Paco Frutos, un PCE cada vez más dogmático y sectario, con voluntad grupuscular, jaleado por gentes que, situadas en su periferia, podrían integrarse en una formación mucho más radicalizada. Y porque Julio Anguita va dosificando sabiamente unas breves apariciones e intervenciones, con la parsimonia cardenalicia que caracteriza a quienes se sienten llamados a una misión.
Las gentes de izquierdas, entre las que me encuentro, se sienten hijas de la derrotada república española, y muchos de ellos han vivido con dolor las renuncias y concesiones que hubo que hacer a beneficio de un futuro pacífico y civilizado. Lo que se llama memoria histórica es también una memoria emocional a partir de la cual muchos han construído --hemos construído-- una patria moral. Es lógico que aplaudan todo lo que repare no sólo el dolor vivido por los ancestros de esa patria moral sino las omisiones y olvidos con los que se ha ido ganando un futuro posible. Pero aquí no hay nadie inocente y nadie hace nada por nada. Para obtener ahora ese Garzón admirado por la izquierda --que no quiere olvidar nada excepto su rol objetivo en el abatimiento del primer gobierno progresista de España después de 1939-- ha sido necesario que existiera el Garzón que procesó a Pinochet. Una cosa después de otra, o, como decía Mao, paso a paso y un solo enemigo a la vez. Ni una puntada sin hilo, y un hilo que vincula todas las puntadas en un solo tejido.








Pues si alguien tiene que perder, más incluso que Fraga y sus allegados reconvertidos a la fe democrática, es el PCE, porque fue uno de los grandes culpables de las matanzas en zona republicana, junto con la FAI anarquista. Incluso una persona tan ponderada como Antoni Puigverd acaba de sumarse a la lista de quienes exigen responsabilidades de guerra a Santiago Carrillo, algo que hasta ahora era patrimonio de la derecha más recalcitrante e irredenta. En fin, que quien siembra vientos, a lo mejor al final cosecha tempestades.
Publicado por: Jaume | 21/10/08 en 14:36
Los únicos culpables son quienes organizaron, desde Roma y Munich, el genocidio nazi, pagando un ejército de mercenarios (moros a real diario para matar "cristianos") para restaurar una monarquía indecente. Uno se puede llamar de izquierdas, o incluso persona, pero tal vez no es más que un loro que mezcla palabras sirviendo al amo. Garzón, como toda la judicatura española, forma parte de aquel "atado y bien atado" que dejó el asesino, con los media lameculos e izquierdistas iluminados al servicio de los amos. ¡Si hasta resulta que ésta vergüenza es una democracia!
Publicado por: Carles | 23/10/08 en 13:22
Interesantes reflexiones. Creo que habría que mirar hacia el futuro y dejar el pasado y los muertos en paz, la transición comportó dolorosas renuncias y en general todo parece surrealista. Por qué no se empieza por predicar un retorno a la República, si se es coherente? En un contexto así es lógico que también se hable de las responsabilidades del señor Carrillo y de otros, de dudosas biografías, santificados por sus seguidores del presente. Juzgar los hechos de la guerra desde nuestro presente puede traer mucho mal rollo y sorpresas, si se quiere ser objectivo y justo. Le temo al revanchismo idealizado, la verdad, pues viví una infancia entre mayores, buena gente, que intentaban cerrar heridas y convivir a trancas y barrancas, aunque hubiesen 'caído' en bandos opuestos, por muchas razones, y que estaban horrorizados de los resultados conseguidos. Sobre el señor Garzón, todo un personaje con ansias de protagonismo... La referencia a Haro Teglen, sin embargo... también su biografía tiene muchos claroscuros.
Publicado por: júlia | 26/10/08 en 7:03
Viñeta sobre el tema:
http://lagranhoguera.wordpress.com/2008/11/24/ley-memoria-historica-ii/
Publicado por: EL HEREJE | 28/11/08 en 1:01