No hay que temer un exceso de entusiasmo ni esconder una enorme admiración: la llegada de Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos es un hito histórico. No porque sea un nuevo Kennedy --ni lo es ni lo será; es otra cosa-- ni porque sea negro --que lo es aunque no haya hecho una campaña "racial"; no es Jesse Jackson-- ni porque su ascendencia halaga el alma romántica de Europa --cuya clase política es estrictamente etnocéntrica y es visceralmente incapaz de soportar unas elecciones primarias como las americanas y someter el feudalismo de sus dirigentes no ya a los militantes sino a los simpatizantes; véase el estado en que ha quedado el PS tras la venganza contra Ségolène Royal. Y hablando de venganzas, ¿recordais a Josep Borrell, que ganó unas "primarias" en el PSOE y el precio fue la expulsión inmediata del paraíso? No os pido que mireis a IU por caridad y para no ver el espectáculo de la secta de Paco Frutos.
Me siento feliz viendo cómo Barack Obama ha exhibido los valores que yo deseo para la humanidad: confianza, fe en el futuro, optimismo creativo, prudencia y acción, empatía. fe en la democracia, creatividad práctica, creación de consenso, defensa de lo que se cree correcto, lucha por lo que se cree necesario, comunicación de actitudes positivas.... Lo que escribo no son ditirambos. Hemos asistido al caso insólito de ver nacer un liderazgo cuyo contraste ya he descrito. Pero además me doy cuenta de que estamos ante un liderazgo no únicamente político o económico: estamos ante un nuevo liderazgo de raíz espiritual. Y no hablo de confesiones religiosas. Lo malo de la religión en América es el fundamentalismo y la amenaza a uno de los pilares de la revolución democrática americana, la separación iglesia-estado. Lo bueno es que las personas de fe estan orgullosas de tenerla, y si ello lleva a unos, ciertamente, al fanatismo, hace que otros hallen en ella fuerza, esperanza e inspiración.
Me siento inspirado por lo que estoy viendo y viviendo. En esta dimensión espiritual no hay barreras nacionales, ni limitaciones de tiempo y espacio. La fe de Barack Obama y su gente no está al otro lado del Atlántico, está en mi corazón.
Ilustración: Alex Grey, vía Clara Llum Ibáñez.





No puedo estar mas de acuerdo. El triunfo de Obama representa la posibilidad de una catarata de cambios de proporciones colosales. Y el hecho de que el pueblo americano (mas de la mitad al menos) le haya elegido (es decir, que este asi de despierto) es ya un hito a la altura, solamente, de la caida del Muro de Berlin y el desmonte del regimen sovietico, y que me llena de esperanza (por la sabiduria de este pueblo: de sus ciudadanos mas urbanos y de su juventud sobretodo). Porque, como el mismo dijo, era altamente improbable que alguien como el llegara a ese puesto. No solo por negro, tambien por joven, tambien por primerizo como parlamentario, tambien por innovador, y mas que nada por democratico hasta los tuetanos (ha prometido que su gobierno volvera a ser "del pueblo, por el pueblo, para el pueblo", cumpliendo asi con el ideal de los Padres Fundadores de la nacion). Ojala sea todo cierto. Yo le he creido y por eso le he votado con mi reciente estrenada ciudadania americana. Y despues del resultado, despues de ya confirmada su victoria, anteayer tuve una intuicion: comprendi que Obama es la encarnacion del heroe espiritual, Hanuman. Quienes no esteis familiarizados con el pensamiento hindu me perdonareis la licencia. Es un simbolo poderoso, un arquetipo que de algun modo esta implicito en su odisea personal y en la epica que esta desplegando a ojos del mundo. Yes we can!
Publicado por: Clara | 07/11/08 en 1:39
Buen post, Gabriel, coincido en lo esencial contigo. Un abrazo
Antonio Tello
Publicado por: Antonio Tello | 18/11/08 en 8:56