Desayuno con la mala noticia de la dimisión de Walter Veltroni como líder del Partido Demócrata italiano. Es un dato revelador del extraño camino que está tomando la izquierda italiana y de la dificultad del surgimiento de una nueva cultura política que, basándose en el socialismo y el liberalismo progresista. pueda orientar a una Europa casi tan timorata como exhausta. La tentación de una fragmentación narcisista de la izquierda italiana es muy fuerte pero sorprende más lo que, en mi opinión, es el quid de la cuestión, el secreto mejor guardado y la carta escondida de Poe: una desconfianza generalizada de las élites progresistas europeas en el potencial de la democracia y en el valor de la libertad. Esta mañana mismo he escuchado por la radio a Luis Eduardo Aute diciendo que Europa está perdida y que el futuro está en Latinoamérica; tras el referendum dichoso del domingo pasado, que Dios le conserve la vista.
La tensión entre justicia y libertad es la marca original de las izquierdas desde su nacimiento como movimiento político organizado. Y sin una resolución al respecto, la izquierda tal como la conocemos se disolverá, se fragmentará o se convertirá en otra cosa. Mi tesis es que Berlusconi no sólo gana porque apela al pillastre que muchos italianos llevan dentro sino porque la izquierda se pierde en tonterías, vive atenazada por respetos humanos y por el culto a clichés pseudoprogresistas que la alejan de la realidad y de la toma de decisiones para el bien general.
Mi tío López Bulla sabe más que yo de todo esto y por eso recomiendo su reflexión al respecto.





Tens tota la raó, lúcides reflexions. Sobre la miopia progre, no veig que millori i això que molts ja es van fent vellets i haurien de reflexionar.
Publicado por: júlia | 19/02/09 en 6:33
Hola Grabriel:
Dices > Coincido contigo pero... lo que no se entiende es el cheque el blanco que se concede a los desmanes de Berlusconi vs la escrupulosidad del castigo a esa izquierda que anda huerfana y cada vez más atomizada.
Saludos fraternales - Esther
Publicado por: Esther | 20/02/09 en 15:57
Con la caída de Veltroni y el ascenso de Franceschini, ya sabemos lo que va a ser el Partido Demócrata a partir de ahora: una reencarnación de la Democracia Cristiana con toques socialdemócratas. Los que ya peinamos canas aún nos acordamos de la histórica pugna entre la DC y el eurocomunista PCI de Berlinguer. Lo que entonces no podíamos imaginar es que lo que acabaría sucediendo no era el famoso "sorpasso", sino la absorción de las ruinas del mítico partido de Gramsci por parte de los nietos de Andreotti. Sic transit gloria mundi.
Publicado por: Jaume | 23/02/09 en 18:41