En catalán tenemos una palabra muy expresiva, "fatxenda", que significa presunción, ostentación, y "fatxenderia", ampulosidad ostentosa. Me ha aparecido, como una revelación, en el blog de Xiruquero-kumbayà, mientras trataba de entender estos extraños tiempos. Mi amigo excursionista empleaba ese contundente apelativo, "fatxenderia", para describir el aspecto actual de la fauna que pulula por la comarca pirenaica de la Cerdanya, con chalets horteras, todoterrenos invasivos y personal... "fatxenda". Me doy cuenta de que un siglo no pasa en vano: se practica ahora en la ruralia urbanizada lo que a principios del siglo XX se hacía en el paseo de Gràcia de Barcelona: "fer goma", otra feliz expresión que alude a presumir yendo de paseo. La goma es la gomina con la que se embadurna el pelo el triunfante hombre de negocios que sale a mediodía a hacer ver que toma el sol y en realidad a ser visto, con señora y prole incluídos, como ejemplo de lo que es tener éxito en la vida. Ahora, en el centro de Barcelona no se puede hacer goma porque el modelo de ciudad que les ha salido a los gobernantes ha importado al núcleo urbano un miserabilismo que pasa por cosmopolitismo y que no es únicamente propio del turismo barato sino también un reflejo de un complejo cambio social que es difícil de describir porque articula diversos fenómenos convergentes: desarraigo inmigrante, juvenilismo permisivo disfrazado de progresismo, caída en picado de la calidad de los servicios y desdibujamiento de un paisaje humano cada vez más "fuzzy". Cuanto más insistentes son las campañas autopromocionales del ayuntamiento barcelonés, cuanto más insisten los pensadores de una comunicación política pretendidamente cosmopolita en el fomento del orgullo patriótico ciudadano, más "fuzzy" es el paisaje urbano real. El resultado es una capa superficial de "fatxenderia" inane aplicada al uso, que se contrapone a otra "fatxenderia" surgida del polo sociopolítico opuesto, del cual el "que n'aprenguin!" del presidente del Barça es un epítome de un modo de estar cocinado a fuego lento en los restaurantes caros del Maresme montañoso y profundo.
En el comentario que dejé en el blog de Xiruquero dije, y perdón por la autocita, "pedíamos libertad, amnistía y estatuto de autonomía y lo que finalmente hemos obtenido es fatxenderia". Esta plaga rebosa, abundante, por todos los poros del cuerpo social aparente, sobre todo porque es un eficaz antídoto de la funesta manía de pensar. El presidente Montilla propuso, en su campaña electoral --cuyo manifiesto yo firmé-- "hechos y no palabras". Ahora, yo pido a las izquierdas de mi país ideas y no gestos. Cuanto más complejos son los escenarios que se aparecen no en el horizonte sino frente a las narices, más temor hay a pensar a fondo. Para unos, la solución es la independencia, como si el Mediterráneo occidental fuera uno de los descosidos de la Europa del este y no un punto de máxima tensión estratégica del planeta. Para otros, la "cooperación" o armonización autonómica sirve como bypass de la democracia federal, creyendo que la sociedad del mañana que ya está aquí se puede sostener sobre un estado impasiblemente unitario. Aquellos intentos de hacer un programa modernizador de la izquierda española, como el programa 2000 de Manuel Escudero nos suenan como si pertenecieran al Jurásico.
Aquí en Catalunya, el desparpajo sociopolítico madrileño ("Lo hecho, hecho está" o "¿Para qué queremos internet a nosecuántos gigas?") nos revuelve las tripas. Hay gente ingenua que cree que el obstáculo es España, la monarquía o el toro de Osborne, y ello les permite generar a su vez un nuevo modelo de intolerancia dogmática que entre los suyos no es percibido como tal, gracias al juvenilismo permisivista, otro cemento ideológico enormemente útil para hacer pasar "bou per bèstia grossa". Pero la "fatxenderia" que mi amigo excursionista ha sabido rastrear en lo que queda del paisaje de nuestro país es de cosecha propia. Los catalanes hemos destrozado el paisaje físico rural y el paisaje urbano social, con la misma fruición tanto Capulescos como Montescos. Y el resultado es un país barato, una sociedad barata y una manera de vivir barata. Barato de baratillo. El miserabilismo, encarnado por el así llamado ecologismo, que en su versión política realmente existente no es más que tacticismo oportunista, tiene aún mucho porvenir. En tiempos de crisis nos lo venderán como austeridad. Pero en realidad es otro bálsamo para que la "fatxenderia" pueda seguir, rampante.





Cuanta razón tienes, y también nuestro 'xiruquero'!!! Estamos construyendo un país de nuevos ricos ignorantes, de baratillo, efectivamente, como hemos llegado hasta aquí? Sobre la izquierda, una pena como se ha pasado de aquel psuc creativo y vital a 'eso'. Cuando hablan de independentismo, por cierto, siempre digo, medio en broma, que no soy independentista ni lo seré, entre otros motivos porque no quiero tener que manifestar que 'contra España vivía mejor'.
No le veo solución, de momento, la verdad, aunque hay gente joven que está harta de consumo, titulitis barata y vanidades diversas, lo cual me da cierta esperanza en el futuro. Es que si se pierde la esperanza... ¿qué nos queda?
Publicado por: Júlia | 11/04/09 en 16:06
He llegit un comentari teu al blog "La panxa del bou" i volia dir-te que en una passejada pel recinte del Fórum, vaig trobar la "Plaça del Camp de la Bota" i la vaig fotografiar. En el meu blog vaig posar la foto en un post. Enllaç:
http://todoreh.blogspot.com/2009/03/fent-turisme-de-ciutat.html
Encara algú se'n pot recordar del que pasava allà. Salutacions!
Publicado por: Marta | 11/04/09 en 20:42
Rectifico en això, doncs, Marta. Gràcies per l'aclariment.
Publicado por: Gabriel Jaraba | 12/04/09 en 0:23
Por desgracia, el independentismo de las naciones culturales de Europa Occidental no viene alentado hoy por el romanticismo esencialista de raíz germánica ni por ideologías redencionistas sobre la "liberación de los pueblos", sino por la miopía política de los Estados europeos, empeñados en mantener su pírrica soberanía frente a la creciente hegemonía de EE.UU. y la emergente superpotencia china. Sarkozy y Merkel se sonríen y abrazan pero no pasan a los hechos de una gran Europa transnacional que deje obsoletas las viejas naciones de Westfalia y Verdún. En una Europa regida por Estados-nación, es normal y hasta razonable que algunos quieran tener también su propio plato en la mesa. Si como dice hoy "La Vanguardia", la etiqueta "Made in EU" es improbable por la resistencia de las propias Francia y Alemania a perder su propia marca, no nos queda más que seguir esperando.
Publicado por: Jaume | 12/04/09 en 11:13
Es decepcionante que la idea europea no se exprese en términos ideológicamente estimulantes. El digamos éxito del mensaje de Obama --otra cosa será su acción política-- en Europa viene de la ausencia de un metamensaje europeo movilizador. Merkel es una estadista westfaliana decimonónica; Sarkozy, un pragmático que le ha tomado la medida a la socialdemocracia y sabe como torearla; Brown y Zapatero, meros tacticistas. Única política compartida: salvar los muebles, hurtar el cuerpo a la exigencia ética americana, recocinar, frenar y diluir los efectos de la inmigración y vigilar los movimientos chinos (con India ni siquiera saben qué hacer).
El caso del independentismo catalán no desentona, pues, como dices. Su paradoja es que oscila entre la identificación entre lengua y patria (con lo que no desmerece en nada del nacionalismo imperialista español más rancio)aunque hace el malabarismo de hacer pasar una por otra cuando conviene. Sin embargo, por el eje nacional francoalemán aún circula alguna idea, incluso en los entornos sarkozianos, mientras que el nacionalismo-independentismo catalán pretende que el obstáculo para la prosperidad de Cataluña es la monarquía, exhibiendo un republicanismo que es tan decimonónico como el del propio Macià, un militar golpista sin otra ideología que el nacionalismo, como sucede con todos los militares golpistas del mundo (véase Chaves o la junta birmana). La existencia de monarquías como la sueca, la noruega, la holandesa o incluso la británica, que albergan sociedades social-liberales avanzadas, no cuenta para ellos. Tras esa pulsión veterorrepublicana, ninguna idea, sólo la lengua/nación como fetiche. Obsérvese como el nacionalismo español reacciona igual ante el reto universalista del nuevo siglo: el anterior ministro de Cultura o la nueva, internetescéptica y nacionalista española estilo Rosa Díez.
Publicado por: Gabriel Jaraba | 12/04/09 en 17:48