Querido tío Pepe Luís,
Introduces un comentario para preguntar dónde me he metido, y añades que añoras mis consignas. Ya te vale, con los años que he pasado siguiendo las tuyas, y con provecho (!). Pues he estado dándome un baño de realidad en forma de tremendo dolor de muelas y tratamiento odontológico intensivo. Frecuento casi cada día un simpático dentista francés hijo de un colaborador de Pierre Méndes-France y admirador de Dominique Voynet, lo que demuestra que si el destino no existe, por lo menos la serendipidad funciona a topetín. El benévolo doctor se esfuerza para salvarme una pieza que se menea más que una mulata del Tropicana, mientras escucho sus sabias lecciones sobre política de izquierdas francesa con la boca abierta, dicho sea esto en el sentido literal de la expresión.
De modo que, oscilando entre el calambrazo y la anestesia local, no estoy demasiado disponible en el ciberespacio, pero a decir verdad, el baño de realidad no ha consistido solamente en este achaque sino en el clamoroso porcentaje de abstención catalana en las últimas elecciones. Sesenta y dos por ciento, se dice pronto. Pero no es la abstención de los unos, sino el tancredismo de los otros. Alguien ha dicho que la preocupación por la abstención les suele durar a los líderes políticos unas 48 horas tras los resultados, y luego a otra cosa mariposa. Esta vez han liquidado la tarea en menos tiempo: la jefatura socialista catalana dice que la culpa la tuvo el tren, perdón, Zapatero, y la secretaria de organización del PSOE dice que somos el partido socialista que mejor resiste, mamita, los bombardeos. La izquierda contratante de la primera parte no dice nada porque esta vez no cuela el cuento de la necesaria reforma de la ley electoral y porque a lo mejor sí se puede descender más todavía, con lo que Cayo se ha ido a echar su domino en el casino del pueblo (del que nunca debió salir) y Saura, a pensar nuevas estupideces que pueda ir cometiendo el sensacional Pérez Moya, ya que la izquierda de debó puede hacer las burradas que le apetezca que por eso la vírgen de Montserrat le hace llover a la carta.
Como puedes ver, no estoy precisamente con la moral izquierdista muy alta. Y no es que me afecte la desafección, y perdón por el retruécano. Es que un servidor firmó, como muchos otros y tú entre ellos, el manifiesto Montilla President. Y lo volvería a firmar ahora como lo hice entonces, harto de que las ocurrencias de un presidente socialista sin programa socialista pasen por genialidades, de que nadie viese que la generación de un nuevo Estatut d'Autonomia era un callejón sin salida, y de que se confunda el radicalismo pequeñoburgués con el progresismo. Porque esa es la verdadera transversalidad política catalana, el radicalismo pequeñoburgués que se entrega a los gestos cuando es incapaz de transformar las realidades.
Los socialistas tenemos un problema gordo: el partido socialista no tiene un discurso socialista. De ahí vienen todos los males. Sus socios de gobierno sí tienen discurso: ERC se ha hecho nada menos que con la gestión de las cuestiones culturales y nacionales del país, con lo que el viejo Antonio Gramsci debe estar revolviéndose en su tumba preguntándose qué clase de socialistas ceden graciosamente la lucha por la hegemonia cultural; ICV está encontrando el bálsamo de fierabrás al ver que bajo la murga ecologista puede colar todo tipo de tacticismos oportunistas (otro día explicaré porqué creo que el ecologismo es una peligrosa idea reaccionaria, y pondré el ejemplo del Bicing como principal enemigo del fomento del transporte público).
Achacar la desafección a la conducta de Zapatero en cuestiones de financiación no ha contribuído a mejorar el panorama. Para tener un partido socialista que reacciona como un partido nacionalista no hacía falta hacer el recorrido que se ha hecho desde la fundación de Convergència Socialista hasta hoy. Incluso hay espíritus sensibles --lo digo con respeto y sin ironía-- como mi admirado Raimon Obiols que atribuyen la desafección a las travesuras de los chavales del programa Polònia, con la que está cayendo. La cosa es muy otra: Cataluña y España están viviendo en muy pocos años una transformación social y económica de tal calado --la globalización era esto-- que no se aviene con unas formas de hacer política en las que nuestros líderes se encuentran muy cómodos pero que ahuyentan a la gente realmente existente, que no es la gente que imaginan las élites de los entornos "institucionales", especialmente entrenadas en universidades y mandarinatos a mirar sin ver.
Carmen Romero, en un detalle que revela su enorme inteligencia, dijo el otro día que pedimos a Obama que haga las cosas que desearíamos que nuestros líderes europeos hicieran. Yo sólo le pido al partido socialista que haga una moderada política socialdemócrata de centro izquierda, que se libre de oportunistas y nacionalistas y suelte lastre de la empalagosa y paralizante cultura institucional catalana que cada vez se muestra, como dice Antoni Puigverd, otro hombre clarividente, más medievalizante.





Estos dias compartimos dolor de muelas y no tanto el cabreo.
Algo sí, de todas maneras, puesto que los resultados de los nacionalistas hubieran podido ser mejores.
Me encanta discrepar en ocasiones contigo: resulta un excelente ejercicio de reflexión.
A veure si millorem aquestes boques! Sigui dit literalment.
Publicado por: Xiruquero-kumbaià | 11/06/09 en 8:02
Xiruquero, t'ho diré ben clar: si a les pròximes eleccions al Parlament votar socialista significa que hi haurà posterior aliança amb els dos socis de govern actual, això vol dir que votar socialista no és votar socialista sinó votar una altra cosa. De manera que igual voto convergència, vés per on. Com a mínim votarem uns liberals demòcrates normals.
Publicado por: Gabriel Jaraba | 11/06/09 en 9:16
Visca l'esquerra coherent!
Publicado por: Carles | 11/06/09 en 11:12
Carles, gràcies pel sarcasme però en aquesta casa apreciem millor els arguments i els debats. Sempre a la teva disposició.
Publicado por: Gabriel Jaraba | 11/06/09 en 13:19
Paradojas que sólo pueden pasar en unas elecciones a esa hidra de dos cabezas que es el Parlamento Europeo actual (tan lejos del que algunos soñamos): la victoria de un vetusto ultraderechista ha consolidado la línea "centrista" de Rajoy, la derrota del PSOE es en realidad el mejor resultado de los socialistas europeos, y además la culpa de todo la tienen Castells y el PSC por la cuestión de la financiación. Mientras tanto, Zaragoza monta una campaña para avisarnos de los peligros de la derecha, gana y consigue que todos hablen de su campaña, y encima resulta que viene la derecha de todos modos. Fabuloso. Menos mal que tenemos a Tremosa en Europa, que espero que hable de puertos y aeropuertos a los eurodiputados, que es lo suyo, pero que no les cante, que tampoco los quiero tan mal. ¡Ah!, y Junqueras, que en Europa por fin se hará mayor y descubrirá que los Reyes Magos son los padres.
Que te mejores de tus dolencias odontológicas y que el ratoncito Pérez o los angelets te traigan regalos bonitos.
Publicado por: Jaume | 11/06/09 en 16:23
De acuerdo con tu comentario. Saludos aparapandesados, PL
Publicado por: Pepe Luis López Bulla | 13/06/09 en 20:01