La Iglesia Católica y otros ciudadanos laicos, liberales y socialistas se han mostrado disconformes con el resultado del referéndum celebrado en Suíza, en el que los convocados a las urnas decidieron abogar por la prohibición de erigir alminares en las mezquitas construídas en el país, citando el derecho a la libertad de culto. Se desconoce que en los países musulmanes haya habido declaraciones públicas de grupos de opinión o de simples ciudadanos con las que se censuren las severas limitaciones a la práctica de la religión cristiana en sus sociedades; tampoco en Argelia, donde se ha reprimido duramente la tarea de algunas iglesias protestantes, a pesar de que el país surgiera de una revolución anticolonial en principio inspirada en los valores ilustrados y progresistas.
Tampco se conocen reacciones solidarias en países musulmanas con la saharaui Aminatu Haidar, que se encuentra en huelga de hambre en el Estado español en reivindicación de sus derechos nacionales. No es extraño, ya que, a diferencia del caso palestino, el pueblo saharaui no suscita una adhesión semejante en el mundo árabe. Cierto es que los saharauis no tienen ante si un enemigo como Israel, con lo cual se podría extraer la cínica conclusión de que la solidaridad no depende de quién deba ser su objeto sino del enemigo al cual se opone.
Todo ello no es extraño: cuanto más clamorosas son las omisiones y los silencios en este ámbito, más desapercibidos pasan, paradójicamente. Por ejemplo, el caso de Bosnia. Toda Europa reaccionó a favor de los bosnios en la guerra de Yugoslavia, con Catalunya a la cabeza. Barcelona llegó a considerar Sarajevo un distrito urbano más. Nunca se había visto una solidaridad tan apabullante con los ciudadanos de raíz musulmana en los Balcanes, algo insólito desde los choques con el imperio otomano. La Europa democrática censuró gravemente la pretensión serbia de reprimir las libertades bosnias y su derecho a considerarse musulmanes. Pues bien, aún es la hora de que esta Europa democrática haya de escuchar ni que sea una ténue voz de reconocimiento por el gesto. Este gran acto solidario de todo un continente con el sufrimiento de una minoría musulmana en su seno no ha suscitado más que un clamoroso silencio en todo el mundo musulman. Más que eso: los ataques armados de la OTAN contra Serbia, único modo de detener la mano de los genocidas, siguen siendo hoy considerados agravios por una izquierda siempre presta a asumir como propia la causa musulmana.
¿Delirante? Más lo es todavía la posición de los autodenominados grupos antimilitaristas que abuchean a la cantante Noa pero callan como sepulcros blanqueados ante la escalada nuclear iraní. Ni una sola manifestación pacifista en el mundo ante las nuevas formas que adopta la proliferación nuclear.
Son cosas a tener en cuenta cuando alguien haga reproches de islamofobia a lo que es antifascismo.
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