Esto que llamamos crisis es algo más: es una epifanía. A estas alturas de la historia (si es que existe tal cosa) el sistema en el que vivimos se nos muestra en todo su esplendor. Es decir, el capitalismo era esto.
Hasta hace poco tiempo, incluso Sarkozy se atrevía a hablar de una "refundación" del capitalismo. Ahora, liberales y socialdemócratas se arrodillan juntos ante el diktat de "los mercados". ¿He dicho mercados? Primera constatación de la gran impostura: llaman mercado al capital financiero; el mercado es otra cosa. Pero aceptemos mercado como animal de compañía: ¿la democracia social de derecho, al estilo europeo, no estaba basada precisamente en compensar la influencia del mercado en las cuestiones que afectan a los fundamentos de la vida democrática? Lo trágico de la cuestión es precisamente esto: ante un contundente embate del mercado contra la sociedad, todas las fuerzas democráticas --e insisto en lo de todas-- renuncian a tocar un pelo al dichoso mercado y se rinden ante él sin atreverse a insinuar una alternativa.
Ese es el drama de la izquierda europea: se halla ante la evidencia de que no sólo el capitalismo es irreformable sino que cuando las cosas van de veras, la política democrática queda inerme. Es pavoroso ver cómo la socialdemocracia española desactiva en un santiamén todo el discurso del socialismo reformista como si aquí no hubiera pasado nada. Se tocan los sueldos de los trabajadores públicos, se cuestionan las pensiones, se toquetea el despido y, en el caso de Cataluña, se estudia echar el guante a las rentas del trabajo más altas. A las rentas del capital, a los defraudadores, al dinero sin control, a eso no se le toca ni un pelo.
Se me hace difícil ver cómo podremos seguir hablando de socialdemocracia reformista en el futuro, después de esta epifanía. Pues parece resultar que tal reformismo es posible dentro de ciertas condiciones de bonanza económica; cuando los "mercados" se encabritan, se deshace como un bolado. Y eso no es lo peor, sino que durante todos los años precedentes se ha ido alimentando una sensación de "progreso" que ha resultado ser falaz. Pues han acabado por ser los socialdemócratas y liberal demócratas quienes acaben aplicando las políticas conservadoras más conspicuas.








Tens tota la raó, ara bé, no sé pas quina solució trobarem, hi ha molt poc debat de base, també.
Publicado por: júlia | 22/06/10 en 14:43
No hay debate por lo siguiente: ahora podemos ver que lo que venía de lejos es un proceso de destrucción de la cultura del trabajo y de desballestamiento de las clases trabajadoras. Hoy mismo, los trabajadores "realmente existentes" de nuestro país están contra una huelga general: no ven salida a la situación y a lo único que aspiran es a salvar los muebles. No hay que sorprenderse, piensan y obran igual que los líderes de izquierdas. Por eso no hay debate, Júlia.
Publicado por: Gabriel Jaraba | 22/06/10 en 16:43
La verdad pura y dura es que vivimos en un puro feudalismo, oligocracia o como se quiera llamar: la dictadura de los usureros. No se ha avanzado nada desde la Edad Media. Lo de la Revolucion Francesa y la Revolucion de los Padres de la Patria norteamericanos ha sido un espejismo (que nos siguen vendiendo) llamado “Democracia”, el gobierno de la gente. Ja! Estamos listos!
Publicado por: Clara | 22/06/10 en 20:38