El que definió al Ipad como un Ipod Touch más grande y pesado tenía toda la razón. Es una ironía sangrante pero una verdad como un templo: le doy vueltas al asunto y sigo sin verle la gracia. Me vuelvo a hacer una pregunta al estilo "¿Debería gustarme elKindle?" Porque me gusta la tecnología y me gustan los productos Apple, aunque hace ya tiempo abjuré de la religión maquera. Me esfuerzo porque me guste el Ipad, però no me animo. En realidad, no haría con él más que lo que hago con mi Ipod Touch, que utilizo como agenda electrónica y navegador, y además, con limitaciones técnicas y de formatos que un producto de su precio no puede permitirse.
Sin embargo, el Ipad es una buena jugada porque apunta en la dirección correcta e indica lo que está ahora en juego: hay que avanzar hacia un navegador universal móvil, que no responda al concepto de ordenador con teclado físico, ni siquiera al ordenador portátil. La web 3.0 ha de ser la web ubicua de usuarios hiperconectados, para lo cual es necesario ese navegador universal lo suficientemente manejable y operativo y una red wi-fi gratuita, asequible y rápida. Ese navegador ha de romper definitivamente con el concepto de ordenador, herramienta propia de entornos de trabajo, y asociarse a la tendencia que marcan los nativos digitales, el uso del teléfono móvil como plataforma central de conexión y relación.
Que el Ipad indica la dirección correcta lo demuestra el hecho de que haya puesto en evidencia a los lectores de libros electrónicos, aparatos que sirven solamente para hacer una cosa. Algunos medios, como El País, han puesto el acento en el Ipad como competencia de los lectores al darse cuenta de ello, pero el Ipad es más revelador. Probablemente sus funciones no responden a todas las dimensiones de una demanda que está ya ahí, pero su salida al mercado va a reforzar y potenciar esa demanda en dirección a la web 3.0.






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